Cuánta plata tienes quieta en el inventario (y cómo saberlo sin contar a mano)
Tu bodega no es una bodega: es una caja fuerte llena de billetes que no puedes gastar. Así se calcula cuánto hay ahí dentro y qué parte de ese dinero lleva meses sin moverse.
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Hay una pregunta que casi ningún comerciante sabe responder de memoria, y es la que más duele: ¿cuánta plata tuya está ahora mismo metida en las cajas de la bodega?
No cuántos productos. Cuánta plata.
Son cosas distintas y la diferencia se paga. Un negocio puede tener la bodega llena y no tener con qué pagar la nómina del viernes. No porque le vaya mal, sino porque su dinero no está en la caja: está en cuarenta cargadores que compró en enero y que nadie ha pedido desde marzo.
Qué es la plata quieta
Cada producto que tienes en bodega es plata que ya saliste a pagar y todavía no has recuperado. Mientras esté ahí, no puede hacer nada más: no compra lo que sí se vende, no paga el arriendo, no cubre un imprevisto.
La cuenta es simple y por eso mismo casi nadie la hace:
Plata quieta = lo que te costó cada producto × cuántas unidades te quedan.
Ojo con el detalle que la mayoría se salta: es lo que te costó, no a cómo lo vendes. Si valoras la bodega a precio de venta te estás sumando una ganancia que todavía no has tenido. Ese número se ve más bonito y no sirve para tomar ni una decisión.
Un ejemplo con números redondos. Tienes 30 unidades de un producto que te costó 12.000 y vendes a 20.000:
- A precio de costo: 360.000 pesos quietos. Eso es lo que tienes comprometido.
- A precio de venta: 600.000. Eso es lo que esperas recibir, y solo si vendes las treinta.
La primera cifra es la que te dice si puedes comprar mercancía este mes. La segunda es una ilusión.
La parte que de verdad hace daño: lo que no se mueve
Saber cuánto tienes quieto es el primer paso. El segundo separa a los negocios que crecen de los que se ahogan: ¿qué parte de esa plata lleva meses sin moverse?
No toda la mercancía quieta es un problema. La que rota es normal: la compras, la vendes, la vuelves a comprar. El problema es la otra, la que lleva noventa, ciento veinte, ciento ochenta días sin que nadie la pida.
Esa mercancía tiene tres costos que no aparecen en ningún papel:
- El dinero que no puedes usar. Cada peso ahí es un peso que no está comprando lo que sí rota.
- El espacio. Ocupa el mismo estante que un producto que se vende cada semana.
- El deterioro. Se pasa de moda, se vence, se raya, cambia el modelo. Lo que hoy podrías vender con descuento, en seis meses no lo quiere nadie ni regalado.
Ese tercer costo es el que engaña. Un comerciante no quiere vender con 30% de descuento porque siente que pierde. Pero la comparación real no es "vender con descuento contra vender a precio lleno". Es "vender con descuento hoy contra no vender nunca". Recuperar el 70% de algo es infinitamente mejor que quedarse con el 100% de nada.
Cómo saberlo sin contar a mano
La razón por la que casi nadie hace esta cuenta no es que sea difícil. Es que hacerla a mano es imposible de sostener.
Para calcularla necesitas tres cosas al mismo tiempo:
- Cuántas unidades tienes de cada producto, hoy, no el mes pasado.
- Cuánto te costó cada una.
- Cuándo fue la última vez que se movió cada referencia.
Con un cuaderno o un Excel puedes tener una de las tres, con esfuerzo. Las tres a la vez y actualizadas, no. Para cuando terminas de contar, ya vendiste.
La única forma de que el número sea útil es que se calcule solo, a partir de las ventas que ya estás registrando. Si registras la venta, el sistema ya sabe qué salió; si registras la compra, ya sabe qué te costó. La cuenta se hace sola.
En Trace esa cuenta es lo primero que ves al entrar a las métricas de inventario: cuánto vale lo que tienes, a costo, y qué parte no se ha movido. No hay que pedirla ni armar un reporte.
Qué hacer con el número, una vez lo tienes
Un dato que no cambia una decisión es entretenimiento. Estas son las tres decisiones que este cambia:
Antes de comprar. Si te van a ofrecer un lote con descuento por volumen, mira primero cuánta plata tienes quieta. Un negocio con el 60% de su capital inmovilizado no necesita más inventario, por barato que esté: necesita liquidez.
Al armar promociones. Los descuentos no se ponen sobre lo que más se vende —eso ya se vende solo, y regalarle margen es tirar plata—. Se ponen sobre lo que lleva meses quieto, que es donde el descuento sí compra algo: recupera capital.
Al negociar plazos. Si sabes cuánta plata tienes comprometida y a cuántos días la recuperas, sabes qué plazo pedirle a tu proveedor. Deja de ser una súplica y pasa a ser un argumento.
Empieza por lo que ya tienes
No hace falta un inventario perfecto para empezar. Hace falta uno honesto:
- Registra el costo real de lo que compras, no un estimado. Es el dato del que depende todo lo demás.
- Registra las ventas el día que ocurren. Una venta anotada tres días después es un inventario que miente tres días.
- Revisa una vez al mes qué no se ha movido. Una vez al mes basta; una vez al año es demasiado tarde.
El primer mes el número te va a sorprender. Casi siempre hacia arriba, y casi siempre la sorpresa está en dos o tres referencias que nadie recordaba haber comprado.
Ahí es donde estaba tu plata.
Trace hace justo esto: reúne el inventario, las ventas, la página web y la tienda en línea en un solo lugar, por un precio.
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